20.8.10

La Soledad

Lo que se necesita es sólo esto:
Soledad, gran soledad interior. Entrar en sí mismo y durante horas no encontrar a nadie ; he ahí lo que debe lograrse. Hallarse en soledad, como cuando uno era niño y las personas mayores iban y venían enredadas en cosas que, si parecían importantes y grandes, era porque esos adultos tenían aire de preocupación y porque uno nada comprendía de ese quehacer.
Y un día, cuando se advierte que sus ocupaciones son
míseras y que ellos se han cristalizado en sus oficios y se han disociado de la vida ¿por qué no continuar viéndolos de la misma manera que lo hace un niño, como algo extraño, desde el fondo del mundo propio, desde el ámbito de la propia soledad, que en sí misma, también es trabajo, jerarquía y profesión? ¿Por qué empeñarse en cambiar por defensa y desprecio la sabia incomprensión de un niño? No querer comprender es también soledad. En cambio, una actitud defensiva y de desprecio significan participación en aquello que uno quiere ignorar.
Únicamente el individuo está -al igual que una cosa- sometido a las leyes profundas, y cuando sale al despuntar la mañana o mira la noche cerrada -momento lleno de realización- y siente lo que allí sucede, se libera de cualquier condición que tenga, tal como si fuese un muerto, no obstante encontrarse en medio de lo que es puramente vida.

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